Por supuesto, Santander. No puedes venir a la Costa de Cantabria sin pasar, al menos, unos días en esta ciudad portuaria, con la panorámica de la hermosa Bahía de Santander, el mayor estuario de la costa norte del país, y que vale la pena conocer.
Santander es un puerto de ferries, pero no hay necesidad de complicarse la vida y traerse el vehículo a la región, si vienes desde fuera de España; es fácil alquilar una caravana, una camper o una autocaravana en la Costa Cantábrica. Y si eres de los que temen excederse con el sol, te gustará saber que el clima es más suave que en el sur de la península.
En esta ciudad, hay oferta turística para todos los gustos, ya seas un aficionado al arte, deseoso de ver la catedral y la universidad de Santander, o un asiduo parroquiano dispuesto a explorar los bares y restaurantes del casco histórico. O puedes hacer las dos cosas y, para completar, dar un paseo revitalizante, al día siguiente, por el Parque de la Vaguada de las Llamas, uno de los mayores parques del norte de España, que alcanza las 11 hectáreas.
Dirígete hacia la bahía para broncearte en la playa del Sardinero, y pásate por los bares cercanos a por bebidas frías y a probar la cocina local. Si te sientes con fuerzas –o hasta sin ellas– los Jardines de Piquío, que dividen las dos playas del Sardinero, son espectaculares para estirar las piernas mientras admiras el imponente faro del cabo Mayor.
Despega los ojos de la ciudad y mira al resto de la región, con su escarpada costa y sus arenosas ensenadas, sus minúsculos pueblos de pescadores y coloridos puertos... y continúa hacia el interior por la cordillera cantábrica, el pueblo típico de Santillana del Mar (otra visita obligada) y la cueva que es una réplica de la cueva de Altamira, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.